En coaching damos mucho valor a los silencios. El silencio no es una muestra de impotencia o de falta de conocimiento o de poca energía. Un poeta escribió que saborear el silencio es una muy discreta forma de amar y en coaching puede ser una forma muy activa de estar.
En una conversación telefónica de esta mañana me han sugerido que estaba dando largas a una respuesta cuando he pedido que me lo dejaran consultar con la almohada. Me he quedado sorprendido. Para mí la almohada es mi otro coach.
De mi trabajo con clientes he podido observar que muchas veces para razonar con claridad, para ser clarividente, es necesario apagar el interruptor. Nuestra mente es capaz de procesar datos lógicos y a través del pensamiento consciente tomamos buenas y malas decisiones. La cosa se complica cuando el número de variables a tener en cuenta es grande y aparecen temas emocionales o no lógicos por el medio, en este caso la desconexión y el contacto con la almohada abren la puerta al subconsciente que nos aporta los elementos que nos faltan.
Para que el proceso funcione, y escribo desde mi experiencia, necesito acumular el máximo de información relevante para la decisión que tengo que tomar y con esto ya he allanado una parte del camino a recorrer. Y acto seguido inicio una sesión de coaching con mi almohada y mi subconsciente hace el resto.
En muchos casos el resultado es algo que se parece a la intuición. Mientras que mi mente despierta, lógica, es capaz de verbalizar las situaciones, los procesos y las decisiones mi subconsciente es menos preciso, me transmite mensajes más sensoriales, más intuitivos pero no por ello menos certeros y que me son de extrema utilidad para cerrar el proceso y tomar la decisión.
Las buenas decisiones, ¿las tomáis despiertos o consultáis con la almohada?
Jordi Collell
