La valentía de Liderar

Victor Gay Zaragoza

Dice el cuento que hace mucho tiempo había un hipopótamo que estaba cruzando un pantano, de repente se le salió uno de los ojos y cayó dentro del agua. El hipopótamo se puso a buscarlo por todos lados dando vueltas y más vueltas. Buscaba a su derecha, buscaba a su izquierda y a su espalda, pero por más que se esforzaba no encontraba el ojo.

Los pájaros, al ver su nerviosismo intentaron calmarlo, pero no había manera. Cada vez el hipopótamo estaba más asustado de quedarse ciego y buscaba con más violencia. A los pájaros se unieron los peces y las ranas, que también intentaban calmarlo, pero él, ensimismado, no los oía. Finalmente los escuchó, se quedó quieto y los miró. De inmediato, el limo y el barro que por el temor a no encontrar el ojo había removido, volvieron al fondo del pantano. Y entre sus patas, dentro del agua, el hipopótamo pudo encontrar su ojo.

Franklin Roosevelt, en el contexto de la recesión económica más importante de nuestra historia, en uno de sus discursos más celebres, advirtió: “La única cosa que debemos temer es al miedo en sí mismo”. Muchos siglos antes, el filosofo estoico Epicteto, en un tono muy parecido, pronunciaba: “No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo”. Si el hipopótamo hubiera oído a Roosevelt o a Epicteto, quizás su actitud hubiera sido distinta. El miedo puede corromper nuestras relaciones, la realidad, y nos puede alejar de nosotros mismos y por tanto de discernir con claridad.  Al igual que el hipopótamo buscando su ojo, los seres humanos muchas veces nos movemos por miedo. E igual que al animal desesperado, el miedo nos impide encontrar lo que más estamos buscando: seguridad, eficiencia y felicidad.

¿Pero qué es exactamente el miedo? Según psicólogos y expertos, se trata de una emoción individual que se activa cuando percibimos que nuestra integridad está amenazada. Solemos tener miedo a nuestras ideas preconcebidas sobre hechos y a nuestra relación con ellos. Es decir, si por ejemplo, tenemos una presentación importante lo que realmente nos dará miedo no es la presentación, sino cómo nosotros vamos a actuar en la misma. Solemos tener más miedo a nuestra creencia sobre un hecho que no al propio hecho en sí. Se trata de una emoción individual y egoísta.  Son nuestros miedos. Construidos en base a nuestras creencias.

El miedo ha sido debatido por filósofos, psicólogos, sabios  y “gurús”. Aunque con diferentes palabras, todos coinciden en la receta: la única manera de vencer nuestros miedos es conociéndonos a nosotros mismos. Si observamos el cómo, el cuándo y el por qué surgen nuestros miedos, podremos vencerlos. 

Sería algo así como hacer conscientes nuestros mecanismos inconscientes. Desde una óptica más religiosa, en el Antiguo Testamento se dice: “Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré: porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad”. En lenguaje místico encontrar a Dios es encontrarse a uno mismo, en palabras de Jesús de Nazaret: “El reino no está en las nubes sino dentro de ti, conócete a ti mismo y lo conocerás”. Es decir, si nos conocemos a nosotros mismos, conoceremos nuestra felicidad (o a Dios, en palabras religiosas) y lo que realmente nos importa (nuestros valores). Desde este conocimiento podremos vencer al miedo.

Cuando nos conocemos a nosotros mismos surgen nuestros valores (lo que realmente nos importa) y esta es la leña que puede alimentar el fuego de nuestra valentía. Los evangelios cuentan cómo Jesús, cuando se encontró a sí mismo y sus valores (es decir, se supo “hijo de Dios”), se marchó cuarenta días al desierto a meditar. En su soledad, fue su propia oscuridad (sus miedos y temores) lo que le puso a prueba. Observemos, pues, este importante matiz: Jesús se fue al desierto después de haber encontrado sus valores (fruto de su autoconocimiento). Él sabía que eran precisamente sus valores los que le darían el coraje para enfrentarse a Satanás. Éste le puso a prueba. Jesús aguantó todas las tentaciones, se lideró a sí mismo y por consiguiente pudo volver y liderar así a los demás. La clave de la valentía de Jesús fueron sus valores. Y estos los encontró dentro de sí.

Por decirlo en otras palabras, psicólogos, filósofos y profetas coinciden en darnos una misma “receta”: Cuanto más nos conozcamos a nosotros mismos más valor tendremos para enfrentarnos a nuestros miedos.

En el s. XX dos personas han protagonizado algunas de las acciones más valientes y son considerados dos de los líderes más eficientes: Martin Luther King y Gandhi. Si analizamos ambos casos más de cerca, observamos que ambos tienen muchos paralelismos. Los dos hicieron un profundo camino de introspección interior para encontrar sus valores. En este camino interior tuvieron que enfrentarse a sus miedos y hacerlos conscientes. Pero fue este autoconocimiento y los valores que encontraron dentro de sí los que les dieron el coraje para liderar dos de los movimientos más valientes y efectivos de la historia de la humanidad. Primero, se lideraron a sí mismos venciendo sus miedos, luego a los demás. Es decir, siguieron la “receta tradicional” para vencer el miedo y les funcionó.

Si, como el hipopótamo, queremos superar un reto de la vida de una manera eficiente, no es aconsejable encararlo impulsados por el miedo. Si queremos liderar a los demás efectivamente, primero deberemos liderarnos a nosotros mismos. Jesús, Gandhi y Martin Luther King, tuvieron éxito liderándose primeramente a sí mismos, venciendo sus miedos y así pudieron liderar de una manera tan efectiva a los demás. Sólo conociéndonos a nosotros mismos y nuestros valores, tendremos la valentía de liderar (nos).

Una respuesta a La valentía de Liderar

  1. metavaron dice:

    Excelente reflexión, estoy completamente de acuerdo con lo expuesto. No hay nada más poco constructivo que el miedo. El miedo no nos permite ser, como bien comentas, en el momento que tomamos conciencia de que somos DIOSES lo milagros se realizan, como Jesús. El dijo si dijesen a esa montaña arrójate al mar. Lo haría.
    Todo límite que nos impongamos es miedo. Sin miedos no existen los límites. Es por eso, que el primer paso de la fe, es el paso al vació. No se puede avanzar si hay temor. Tampoco hay que negarlo, sentirlo, saborearlo, pero sin reaccionar a el, sin dejarse paralizar por el.

    Saludos. y exelente aporte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: