Liderando desde la intuición

Jorge Salinas -www. RRHHmagazine.com

Una delgada línea separa la demencia de la cordura cuando un líder toma decisiones bajo presión. La intuición es un preciado tesoro que cuando escasea, convierte al líder de éxito en un manager del montón.

La intuición es como un “saber” que no proviene de un camino racional y que no puede explicarse. Las intuiciones se pueden presentar habitualmente como reacciones emotivas repentinas a determinados eventos o sensaciones, a veces corporales.

Realmente lo que hace el manager sin darse cuenta es utilizar su capacidad de “feed forward”, entendida ésta, como una capacidad predictiva, no cognitiva, proveniente de experiencias anteriores almacenadas en su subconsciente.

En definitiva la intuición es un conocimiento inconsciente que a pesar de no ser racional influye sobremanera en la forma en la que se construyen estructuras racionales.

Desde el coaching acompañamos a profesionales para que tomen consciencia del poder de su intuición irracional.

A veces una buena razón es suficiente para tomar una decisión.

Cuando hace un tiempo disfrutaba de unas fantásticas vacaciones en Nepal con mi familia, hicimos una parada para conocer la Selva de Chitwan, uno de los Reales Parques más conocidos de Asia y asequibles desde Katmandú, a través de un accidentado y sinuoso recorrido por carretera.

En este Parque, una de las actividades que contratamos fue un recorrido de media jornada por la selva en lomos de un elefante. Yo pensaba que se trataría de la típica actividad organizada para turistas donde veríamos una línea interminable de paquidermos transportando a un sinfín de turistas ávidos por conseguir unas buenas fotos y por un camino perfectamente señalizado. Mi agradable sorpresa fue que nos presentaron a un lugareño, dueño de un elefante, que nos guió tan sólo a nosotros a través de una frondosa selva apartando la vegetación a manotazos.

No entendía como nuestro guía era capaz de saber por donde íbamos. A veces se paraba y, adoptando una postura erguida, trataba de otear el horizonte. Compleja labor en esas circunstancias. A veces desmontaba del animal y buscaba huellas bajo el agua mientras evitaba las abundantes sanguijuelas del lugar. Incómodos y desagradables parásitos tan habituales por aquellos ‘lares’.

Cada vez que volvía a montar, azuzaba con decisión a nuestro medio de transporte en una determinada dirección. ¿Cómo sabe por dónde ir? ¿Qué información utiliza para tomar decisiones?

Verdaderamente su labor tuvo éxito porque fuimos capaces de avistar y de acercarnos sin dificultad a buena parte de la fauna de la zona. Ciervos, jabalíes y rinocerontes, fundamentalmente.

De regreso al hotel, pude hacer esas mismas preguntas al guía local, amigo y vecino del guía y dueño del elefante, y éste me respondió sin dudar: “es fácil, utiliza su intuición”.

Ciertamente la intuición nos ayuda a tomar y a simplificar determinadas decisiones.

Pero…..,¿cómo funciona?

Hay quien dice que la intuición es irracional. Mi opinión es que la intuición es racional, aunque inconsciente. Tiene una base experiencial y está muy relacionada con la memoria del subconsciente.

La defino como nuestra capacidad predictiva, pero no cognitiva, que proviene de experiencias del pasado donde nos hemos encontrado con situaciones, personas o cosas que tenían características similares a las que nos enfrentamos en el presente. De alguna forma es lo que podríamos llamar nuestro “feed forward”, es decir, nuestra capacidad de adivinar en determinadas circunstancias.

La mala noticia es que hoy por hoy no tenemos el poder para controlar esta capacidad.

Es por todos conocida la habilidad que tienen algunos hombres trabajadores del campo para predecir el tiempo que va a hacer. Si lloverá en el día de hoy.

En alguna ocasión, en la que he disfrutado de un fin de semana en alguna bonita región del interior español, me he levantado, he mirando al cielo y he dicho: “la que va a caer”. Me preparo para combatir la lluvia. Impermeable, paraguas y el resto de los artilugios para la situación y al salir me tropiezo al lugareño que me dice: “hoy no va a caer ni una gota. Esas nubes no traen agua”. Yo pienso que debe haber perdido el juicio porque el horizonte está negrísimo. Sin embargo, conforme avanza el día, me doy cuenta que el buen hombre tenía razón.

¿Cómo lo sabía? ¿Qué conocimientos tiene para hacer tal predicción?.

Ninguno en particular. Sólo el que proviene de su experiencia. El haber heredado sabiduría de su padre y de su abuelo y mirar al cielo cada mañana para después comprobar que es lo que ocurre. La experiencia como precursora de la intuición.

Cuanta más experiencia tenemos en un determinado ámbito, más intuición desarrollamos en relación a ese ámbito

El viejo refranero español dice que: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, lo que se podría traducir por: “más intuición desarrollamos cuanto más experiencia vamos acumulando”.

No tiene nada que ver con nuestra clase social ni con nuestro entorno cultural. Tiene que ver con la cantidad de circunstancias vividas y gente conocida en un determinado ambiente. A más experiencia, más intuición.

Nuestra razón lanza de forma inmediata e inconsciente, hipótesis y modelos en relación a lo que observamos, lo compara con el pasado y en base al resultado toma una decisión.

Como estudioso y apasionado del papel que desempeñan nuestras emociones en nuestra vida, me he preguntado y tengo alguna hipótesis de la incidencia que éstas tienen en relación con la intuición.

Detrás de toda intuición siempre hay una emoción y, a su vez, ésta, siempre es la precursora de una acción.

La etimología latina del vocablo emoción es “emovere”, el impulso que nos induce a la acción

El mecanismo sería el siguiente:

1. Observamos un evento con personas, cosas y circunstancias como protagonistas.
2. Nuestra mente de forma inconsciente lo compara con patrones vividos en el pasado.
3. Nuestra razón lanza una hipótesis de lo que puede acontecer.
4. Se dispara una emoción.
5. Se produce una acción (comportamiento).

Afortunadamente, en todo este mecanismo la racionalidad juega un papel desde el subconsciente. Cuando la racionalidad es consciente, corremos el riesgo de bloquearnos.

Cada día hemos de tomar un montón de pequeñas decisiones.

¿A qué hora me levanto?, ¿qué ropa me pongo?, ¿qué color de corbata elijo?, etc.

Muchas de ellas son decisiones que tomamos desde la intuición.

Os habéis parado a pensar qué ocurriría si para cada una de estas pequeñas decisiones dejáramos actuar libremente a nuestra racionalidad y ésta nos condujera ha hacer una lista de los pros y los contras sobre tomar una decisión u otra. ¿Me pongo la corbata azul o la corbata verde? ¿Medias lisas o con costura?

Nos volveríamos locos. Cada uno de los detalles valorados nos llevaría a tomar una decisión o la contraria……………..,nos bloquearíamos.

Qué nos ocurre cuando llegamos temprano a un restaurante con unos amigos y el servicial maître nos ofrece la posibilidad de elegir mesa entre las muchas posibilidades que ofrece el restaurante casi vacío.

Esa no que está muy cerca de la puerta, aquella está en lugar de paso, allí va a hacer demasiado calor por la chimenea, etc. En ocasiones son el origen de disputas y de pequeñas luchas de poder por llevar la voz cantante que generan un malestar nada más comenzar nuestra, ‘a priori’, agradable velada entre amigos.

Con lo sencillo que es que nos conduzcan a una mesa y nos digan “esta es su mesa”. Y todos tan contentos.

Y cuando vamos aparcar nuestro coche y por “intervención divina” tenemos toda una calle donde elegir. ¿Dónde lo dejo? En la esquina no porque, aunque es lo más cercano a la tienda, me pueden multar. Al lado del semáforo no que algún despistado me lo puede rayar. En medio tampoco que hay un charco y me lo van a poner perdido, etc.

Que sencillo es cuando llegamos y tenemos la fortuna de encontrar sólo un justo hueco de aparcamiento. “El hueco”. Se acabaron los problemas. A por él que me lo quitan.

Cuantas más opciones, más conflictos tenemos.

La gente piensa que la libertad es tener la capacidad de elegir entre diferentes opciones. El otro día un maestro Zen me enseñaba que la verdadera libertad es no tener que elegir.

Desde nuestra educación judeo cristiana se nos ha enseñado que una de las maravillosas prebendas del ser humano es el libre albedrío. Yo discrepo radicalmente. En cualquier caso, el ser humano sólo podría utilizar su libre albedrío para utilizar su capacidad de elección entre aquellas posibilidades que conoce existen. Nunca podré elegir o podré tomar un camino del que desconozco su existencia. Esto significa que, ¿cuánta más información tenga, mayor es mi libre albedrío? Probablemente, pero ésta es ya otra historia…

La sabia naturaleza ha hecho que nuestro cerebro, a través de miles de años de evolución, haya ido aprendiendo una serie de reglas generales (“shortcuts”) que nos hacen la vida más fácil.

La mente consciente puede prestarle atención hasta a tres cosas a la vez simultáneamente y es capaz de procesar 40 estímulos (información proveniente de 40 nervios) por segundo.

La mente inconsciente procesa un millón de veces más información que la consciente y recibe hasta 40 millones de estímulos por segundo de forma simultánea.

Las mejores decisiones se toman en base a una o dos importantes razones o motivos para tomarlas. No necesitamos 10, tan solo una o dos.

En esto se basa una de las disciplinas poco conocidas que se emplean para la investigación y el desarrollo matemático, la heurística (cognición heurística), también conocida como teoría de la regla general.

Desde el Instituto Max Plank, de Berlín, se realizó el siguiente experimento.

Se hizo la siguiente pregunta a los estadounidenses: ¿qué ciudad tiene más habitantes, Detroit o Milwaukee?

El 60 % se inclinó por Detroit (que es la respuesta correcta), pero el resto optó por Milwaukee.

Luego hicieron esta misma prueba con alemanes, que sabían poco sobre Detroit y, la mayoría, ni siquiera había oído hablar de Milwaukee.

Lo sorprendente es que prácticamente todos, el 90%, acertaron las respuesta.

¿Cómo es posible que las personas con menos información realicen sistemáticamente mejores inferencias que las que saben más cosas?

Aquí se aplica una regla general muy sencilla, que se denomina heurística de reconocimiento: “escoge lo que conozcas”.

Los alemanes habían oído hablar de Detroit, pero no de Milwaukee: ése es el motivo. La ignorancia parcial puede ser útil, y siempre sucede así cuando, en el mundo real, el reconocimiento del nombre está correlacionado con lo que se quiere saber.

Esto es aplicable a las predicciones deportivas. Se han realizado estudios en los que personas muy ignorantes han hecho predicciones sobre los resultados de determinados, y sistemáticamente sus predicciones son igual de buenas que las de los expertos, y a veces mejores, porque disponen de conocimiento parcial y, por tanto, pueden basarse en estas reglas generales tan sencillas y poderosas.

La heurística también se conoce como el arte o la ciencia de resolver problemas desde la creatividad. Si no encuentras una solución, haz como si ya la tuvieras y desarrolla una deducción a la inversa. Esto es lo que también se conoce como “El Método Merlín” ampliamente utilizado como herramienta en coaching y en PNL.

A la hora de fijarte un objetivo y valorar el mejor camino para alcanzarlo, el Método Merlín propone “subir a lo alto de la cima”. Pensar que ya has conseguido ese objetivo. “Mirar desde arriba” y ver cuál es el mejor camino para ascender. “La altura” (la emoción) desde la que observo me va a dar una más clara perspectiva para tomar opciones.

Cuando aplico este método, en ocasiones, se puede dar la paradoja del inventor, es decir, a veces el resultado más ambicioso es aquel que tiene más posibilidades de éxito.

La intuición se basa en principios sencillos que ignoran mucha información. Es un fenómeno que alimenta la serendipia, que es un conocimiento previo sin justificación racional alguna, o también conocido como un descubrimiento científico afortunado. Se trata de un sinónimo de la castiza palabra “chiripa”.

El término serendipia deriva del inglés ‘serendipity’, neologismo acuñado por Horace Walpole, en 1754, a partir de un cuento persa del siglo XVIII llamado “Los tres príncipes de Serendip”. En él, los protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip (que era el nombre árabe de la isla de Ceilán, la actual Sri Lanka), solucionaban sus problemas a través de increíbles casualidades.

Algunos ejemplos de serendipia los encontramos entre los más conocidos descubrimientos científicos y algunos relatos literarios:

El Principio de Arquímedes. Fue descubierto al introducirse en una bañera y observar cómo su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido; gritando entonces la famosa palabra: ¡eureka!

Jonathan Swift describió dos supuestos satélites naturales de Marte en su libro Los viajes de Gulliver, de 1726. Voltaire también mencionó en un relato fantástico de 1752 que Marte poseía dos lunas. El descubrimiento de los dos satélites marcianos, Fobos y Deimos, no ocurrió hasta 1877.

En el ámbito empresarial, los managers toman continuamente decisiones basadas en su intuición. No tienen todos los datos y no necesitan tener todas las variables despejadas. Para esto les pagan. Tomar decisiones cuando tenemos todos los detalles necesarios para poder elegir adecuadamente lo hace cualquiera.

Pero, ¿en qué consiste liderar desde la intuición?

Para llegar aquí primero hemos de definir lo que es liderar: “liderar es hacer triunfar utilizando el arte de coordinar acciones, personas y recursos para generar resultados. Por tanto, liderar desde la intuición es coordinar acciones, personas y recursos para generar resultados, basándonos en un par de buenas razones y dejándonos influir por nuestras emociones”.

¿Cuántos managers cultivan su intuición a la hora de liderar? Y, en estos casos, ¿cómo lo hacen?

La única forma para un aprendizaje consciente es adoptar un estado de “presencia” a la hora de tomar decisiones, identificar las razones fundamentales utilizadas que nos han llevado a elegir ese comportamiento, y no otros, qué emociones me impulsan por ese camino y finalmente valorar su resultado.

La intuición es también una poderosa herramienta del coach, y como tal, está contemplada su utilización dentro de las 11 competencias que define la ICF (La International Coach Federation).

“el Coach deberá utilizar su intuición y confiar en su saber interno. Hará caso de sus corazonadas”

La 4ª competencia menciona la necesidad del coach de “estar presente en el proceso de coaching”, y en relación a esto, uno de sus apartados dice explícitamente: “el Coach deberá utilizar su intuición y confiar en su saber interno. Hará caso de sus corazonadas”

Mi intuición me dice que este breve resumen aproximativo a la intuición, una hipótesis sobre su origen y su aplicación al liderazgo es suficiente para los fines que persigue el documento, es decir, para la sensibilización de los lectores en torno a esta poco explorada habilidad que tiene el ser humano.

Que vuestra intuición os conduzca al éxito.

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