Ponga un ‘lobby’ en su vida

 Montse Mateos – Expansión y Empleo

Pertenecer a uno u otro grupo, presencial o virtual, es una manera de posicionarse y, en algunos casos, una vía para lograr los objetivos profesionales. Sin embargo conviene recordar que la esencia de estas asociaciones es el conocimiento, y que la interacción entre sus miembros brinda una oportunidad para crecer y compartir talento. Los que sólo busquen interés personal se quedan fuera.

En su acepción más purista, un ‘lobby’ es un grupo de personas que intentan influir en las decisiones del poder ejecutivo o legislativo en favor de determinados intereses. Los ‘lobbies’ no suelen participar directa y activamente en política (por lo que no suelen formar su propio partido), pero sí procuran ganarse la complicidad de algún grupo político que pueda terminar aceptando o defendiendo sus objetivos. Por esta razón, a muchos se les ponen los pelos de punta cuando otros les acusan de compartir una determinada tendencia, con unas intenciones no muy claras y en beneficio propio.

Sin embargo, lejos de estas connotaciones negativas, es fácil comprobar que el ser humano es gregrario por naturaleza y que parece inevitable afiliarse a uno u otro grupo, y hasta incluso es beneficioso cuando se trata de conseguir determinados objetivos. Más allá de las agrupaciones vecinales o la pertenencia a las asociaciones de antiguos alumnos, participar en algún colectivo parece positivo. Lo importante es tener muy claras cuáles son las ventajas. Pero conviene no perder el rumbo en este afán asociacionista, más ahora que la presencia en las redes sociales y profesionales resulta casi imprescindible. Cada día recibimos cientos de invitaciones para formar parte de grupos o foros en la Red que van desde aquellos que adoran dormir cuando llueve a los que ofrecen coaching a directivos. Andrés Pérez, especialista en estrategias de posicionamiento de marca personal, dice que para escoger el más adecuado se deben tener en cuenta dos variables: “La utilidad, es decir los objetivos; y la sintonía, en torno a unos valores. Nos asociamos a otros por lo que podemos obtener de ellos”.

Afines y detractores
Parece que la creación y el desarrollo de este espíritu gregario no tiene límites, una apariencia en la que caben todo tipo de opiniones. Montserrat Ventosa, directora de Employee Branding, asegura que a pesar de que ahora todo el mundo está conectado a través de las nuevas tecnologías, “los profesionales tienen ansias de estar en contacto. Los grupos en Red son un seudocontacto que no resulta tan enriquecedor”. Ventosa afirma que esta evolución tendrá un claro impacto en las organizaciones: “Del capital humano se pasará al capital social, aunque se han puesto en marcha iniciativas para conseguirlo. Ahora es el momento”. Ventosa coincide con otros profesionales en que el término de asociación se ha viciado, y son muchos los que lo utilizan como un canal de venta de sus servicios y no como un medio para aumentar su conocimiento.

En este sentido, Eduardo Tormo, presidente de la consultora de franquicias Tormo & Asociados, afirma que pertenece a diferentes grupos y asociaciones en los que se siente identificado porque cada una de ellas es representativa de la actividad que ejerce. Pero matiza que, “en general, el espíritu asociativo en nuestro país es escaso y en muchas ocasiones el afán de pertenencia responde más al interés personal de alguno de sus representantes que al colectivo al que supuestamente deberían representar. Esto genera desconfianza y rechazo”. Jorge Cagigas, socio de Epícteles, coincide con él en que “el criterio clave debería ser que el grupo tenga que ver con la actividad que uno desarrolla o pretende desarrollar, y que además su actividad sea transparente, clara y permita a los asociados una participación activa. Siempre he dicho que la cuota económica es la menor aportación que un miembro debería realizar”.

Para Javier Sevilla, director de recursos humanos de Stryker Ibérica –dedicada al desarrollo, la fabricación y la comercialización de productos médico-quirúrgicos–, “pertenecer a una asociación es una suma. Puedes participar activamente en función de tus responsabilidades y en la Red unirte a determinados foros o grupos es una fuente de información muy válida. La antigua concepción de comunicar a través de un único medio es historia”. Según Sevilla, estar presente en estos puntos de encuentro es una obligación para sus homólogos: “Es clave tener la mente abierta, opinar en distintos foros y participar en discusiones, por supuesto que en su justa medida. No hay que olvidar que detrás de ese carácter abierto existe lo que ya se conoce como la reputación en las redes profesionales, un factor que cada vez tiene más peso en los procesos de selección de nuevos candidatos”.

Esta tendencia queda confirmada por un estudio sobre redes sociales y profesionales publicado recientemente por Adecco Professional: el 46% de los profesionales de recursos humanos encuestados afirma haber recurrido alguna vez a estas plataformas de networking para reclutar candidatos, porque les permite tener perfiles constantemente actualizados y obtener referencias directas de cada persona.

Participar sí, pero con mesura
Frente a esa explosión de la información y los grupos en la Red Francisco Puertas, socio responsable de talento, organización y personas de Accenture, considera que participar con mesura es importante. En su opinión, si las asociaciones a las que está adscrito un individuo son complementarias y éste se involucra en un sector determinado, le resultará mucho más sencillo convertirse en un referente. No obstante, afirma que la excesiva participación es contraproducente para el profesional: “Puede parecer que utiliza las asociaciones como un mecanismo para su propio beneficio, no que se constituye como un miembro más que aporta conocimiento. También puede parecer que tiene su foco en la relación y no en el contenido. El equilibrio entre el trabajo y la relación debe ser el adecuado”.

Vicente Condés, director de márketing de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), que cuenta con casi 3.000 empresas asociadas, comenta que “es importante que el profesional sea consciente de que asociarse no produce beneficio si no se está dispuesto a realizar un pequeño esfuerzo, como acudir a los actos, dar opinión o aportar valor al resto de los asociados”.

En el caso de la web 2.0 la participación requiere cierto control, como explica Luis Truchado, socio director de la firma de cazatalentos Eurogalenus: “Estas redes son más horizontales y democráticas que las presenciales. La comunicación y las dinámicas son diferentes. Por ejemplo, una asociación tradicional puede tener un grupo en Linkedin o en Facebook que funcione en paralelo, pero no necesariamente en perfecta sintonía: el ‘lobby’ virtual es menos controlable, va más rápido y requiere una supervisión frecuente“.

Arturo García, consultor de negocio de Scotwork –especialista en formación, coaching y consultoría en negociación–, señala que “todos los grupos responden a un objetivo para ser creados y hay que identificarse con el mismo”. Y hace una recomendación, que sirve para las asociaciones en Red y para las presenciales: “Cada aportación debe ser meditada y estudiada. Si no tienes nada que aportar es mejor no participar, sería una pérdida de tiempo para el que busca una solución a sus problemas. No hay que intentar ser amigo de todos, esto es una herramienta más para tu trabajo, no un club social”.

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